miércoles, 4 de julio de 2012

Querido diario...



Se abre al fondo una puerta, de ella escapan palabras en verso abrigadas con el viento y éste empapado de dulces sonidos procedentes de un arpa. La luz salía tímida por la junta del portón de madera. Di dos pasos más y empujé algo más aquél tablón ornamentado y sus bisagras chirriaron en silencio. Al fondo de la habitación, una cama, en una esquina una señorita morena muy bien ataviada acariciando su instrumento. Un ambiente cálido, hogareño y muy apacible. Me tumbé sobre aquella cama, cerré los ojos y sin querer darme cuenta, una vez abiertos de nuevo, volví a la más cruda realidad.
Estaba nuevamente en mi cuarto, pequeña pocilga bien aseada y triste. El sonido del despertador ladrándome en la cara como cada mañana. Me siento en un lateral de aquel colchón chirriante, miro por la ventana y veo que aun es de noche. Apenas ha salido el sol y yo ya en pié. El aroma del café penetra en mis orificios nasales y como un zombi salgo en su búsqueda. Bebo ese brebaje negruzco con una tonelada de azúcar y lo acompaño con un cigarro mientras veo las indecencias y las atrocidades que se cometen en este mundo en el que me ha tocado vivir. Todos los días son iguales, las duchas ya no son refrescantes ni tampoco relajantes, son de obligada tarea diaria, como casi todo, es obligado. No recuerdo la última vez que hice algo por puro placer, por matar el tiempo, por reír, por estar junto a un ser querido o admirado, o simplemente por sentirme vivo. Los años pasan y el tic tac del reloj no se conforma con marcar los segundos, también marca las pautas de esta esclavitud  en la que me he visto, casi de la noche a la mañana envuelto.
¿Triste relato el que hoy cuento querido diario? Nos conocemos desde que cumplí los cuatro años. Apenas sabía que existían normas ortográficas, bueno, directamente no lo sabía, solo expresaba lo que sentía, lo que pensaba. Aquellas primeras líneas eran todas del mismo tipo, añoranza por no tener un padre en casa, pues su trabajo lo mantenía bien lejos de aquí y cómo no, sueños y más sueños de ser médico, cantante, escritor, científico, paleontólogo,… Y más sueños, sueños en los que me perdía constantemente, las niñas… Olores, los culpables de hacerme perder la serenidad y descentrarme, pues el aroma de un buen perfume siempre me ha hecho perder el norte. Miraba a señoras de 30 años ya casadas, para mí en aquel entonces madres y ahora tan solo niñas que juegan a ser jóvenes, jóvenes por fin, porque ellas, las niñas, siempre corren, siempre han querido ser mayores saltándose la infancia y rompiendo su adolescencia. Las miraba con ansia, con curiosidad e incluso notaba como algo en mí se excitaba. Tan solo era un niño, pero en mi interior había un romántico, un ser despreciable para la época que le tocaba vivir, un incomprendido para la mayoría de sus amigos que solo pensaban en fútbol, un despierto a mi entender, porque ellos siempre andaban dormidos.
Y es aquí donde me doy cuenta que mi vida, a día de hoy, aún siendo esclavo, ha sido una vida intensa, llena de lágrimas, risas, sonrisas con momentos embarazosos y simpáticos, errores pequeños y grandes problemas, muertes y mucha tristeza, pero alguien había tras toda esta historia y no es otra que la música. Así es… Ella siempre me ha susurrado en el oído, siempre me ha acompañado y ha llenado de esperanzas mi vida, dándome fuerzas a continuar en pié como un campeón.
Ahora la mayoría de mis amigos han desaparecido, mis ex-parejas son auténticas desconocidas, no son ni su sombra, he visto como ha cambiado mi entorno y la que yo creía mi gente. Sin embargo yo, cual frasco del perfume más puro, me mantengo virgen en ese aspecto, pues aunque he madurado, sigo siendo el mismo, sigo manteniendo esa esencia que me hace especial y por qué no decirlo, un ser único, pues soy de los que piensa que todos lo somos.
Aun teniendo esta vida tan monótona y tan esclavizada, cada noche sigo cerrando los ojos y volando a ese mundo en el que me siento realizado, en el que aquella señorita toca el arpa y donde las noches son cálidas, el vino fluye sin descanso, las ideas vuelan sin aranceles y el sexo es el más puro que he deleitado jamás.

Alex Romero
7 de Junio de 2012

viernes, 21 de octubre de 2011

¡Un día maravilloso!


Llegaba yo el jueves del trabajo muy cansado, casi más cansado que nunca, pues la semana ya se inició mal. El lunes apenas había dormido y así con el resto de días. Llevaba el cansancio acumulado desde el domingo pero, llegó el jueves. Bendito jueves, pensé. Los viernes tan solo trabajo de nueve de la mañana a una de la tarde, tan solo cuatro horas que suelen pasar volando, menos los cuatro últimos minutos, que cada uno de ellos parecen horas eternas y al final, cuando da la una en el reloj, parece haber pasado una jornada completa, la clásica de ocho horas. Pero contento el jueves por la noche, mientras volvía cansado a casa, pensando en el maravilloso y corto viernes que me esperaba.

Al llegar a casa el jueves, mi madre se me acerca algo sigilosa y me dice que al día siguiente tendría que acercar a mi padre a la nave donde va a comenzar a trabajar. La noticia buena, que mi padre había encontrado trabajo por fin y la mala, es evidente ¿no? Que no podría dormir más de lo normal aun entrando a las nueve porque tenía que acercar a mi padre a las siete y cuarto de la mañana al trabajo. Pero esto es solo el principio. De dejar a mi padre en aquella nave silenciosa y oscura, pues todavía era de noche, me dirigí a mi puesto de trabajo, pues para qué iba a volver a casa, así que para la oficina que me fui. Consigo llegar incluso más pronto que nunca, sobre menos diez las ocho. Mi compañero, que entra todos los días a las ocho de la mañana, no tardaría mucho en aparecer por allí para abrir la oficina pero, claro, ese día se le pegaron las sábanas. Así que, hoy viernes, llego muy pronto al trabajo, total para empezar a las ocho y veinte. Media hora de espera en aquella calle todavía alumbrada por farolas y sin un alma errante por las aceras, un silencio sepulcral y el frío que caracteriza a esa ciudad. Por fin una silueta allá a lo lejos, ¡es él! Es mi compañero por fin.

Pero claro, seguimos con lo mismo, incluso puedo seguir manteniendo que ésto es solo el principio. Empieza la jornada de trabajo, muy distendida e incluso entretenida. Parece que se arregla el día, los trabajos salen adelante sin esfuerzo y la felicitación por lograr los objetivos es más de lo esperado. Algo bueno en el día de hoy, la mala suerte parece haberme abandonado pero, tan solo fue a tomarse un café. Yo esta noche, la noche del viernes, pensaba salir a cenar y tomar algo por ahí, así que mi idea era la siguiente: llegar a casa sobre la una y veinte o y media, ducharme, tumbarme un rato hasta la hora de comer y descansar. Pero no va a ser posible, pues no solo tengo cita con el dentista a las cinco de la tarde, ya que me ha cambiado el día y la hora, sino que además mi tía necesitaba que la acercara a hacer la compra. Así que nada más llego, recojo a mi tía, la llevo al supermercado, tardamos cosa de media hora, llego a casa y estoy tan rendido que no me apetece para nada la complicación de ducharme, arreglarme y prepararme para la noche de viernes que en principio me esperaba. Así que me pongo a ayudar a mi madre a hacer la comida, me siento a comer y descanso fumándome un cigarro y leyendo historias por la red.

Ojo, que ya es la media y tengo que ir al dentista. Salgo de casa camino al dentista, pero como voy hablando con mi novia a la que echo mucho de menos, pues me despisto y voy camino hacia el trabajo, la costumbre será. Rectifico casi a tiempo, aunque es cierto que cojo el camino más largo para llegar a la ciudad donde se ubica el dentista. Una vez en dicha ciudad, no sé donde cojones está la consulta de la dentista. Pero tranquilos, tengo una tarjeta en la cartera y hay una dirección y un teléfono. Llamo por teléfono, me atiende una chica con acento argentino y muy poco espabilada. Le pregunto que calles debo coger para llegar a la clínica, me da dichas indicaciones, pero resulta que no era la consulta a la que debía ir. Al yo decirle si me esperaba allí mi dentista, me dice sorprendida que hoy dicha dentista tenía consulta en otra ciudad, la mía para más inri. Me cabreo como es lógico y me doy media vuelta buscando la salida a la autovía de nuevo para volver a mi ciudad. Es cuando me planteo lo siguiente, ¿cómo es posible que pase cita en mi ciudad, si hoy mismo me han llamado para confirmar mi cita porque la doctora tan solo iba a pasar consulta conmigo y con otro paciente el día de hoy? Aquí pasa algo, me digo entre dientes. Le hago una nueva pregunta a la chica que me a atendido por teléfono, pues ella seguía dándome más y más datos que no encajaban por ninguna parte: "Entonces, ¿Beatriz no está ahí?" Y ella muy apurada me responde que no sabe quién es Beatriz.

En fin, que continúo girando por una rotonda y me vuelvo a meter a la ciudad de la que me acababa de salir, pues ya todo empezaba a encajar, estaba llamando a una clínica que no era la mía. A todo esto, ya llegaba quince minutos tarde. Así que nada, continuo lo que había empezado, la búsqueda de la clínica. Doy como por arte de magia con la avenida en cuestión y resulta que es muy larga, pero que muy larga. Para colmo, habían como cinco clínicas de dentista en las que tan solo había un cartel indicando que en ese edificio había una "CLÍNICA DENTAL". Nada más, sin nombre de clínica, de dentista, referencia alguna,... Una movida muy grande. El caso, es que esta dentista, mi dentista, la que me puso el aparato siempre viene a mi ciudad, pero por culpa del trabajo no pude asistir a mi última cita, en mi ciudad, por lo que tenía que ir a la suya. Explicado esto, continúo bajando la calle y voy pasando una manzana, otra y otra hasta que se me ocurre llamar a la clínica a la que soy asiduo y resulta que la secretaria no se encuentra allí, pues hoy no pasaban consulta. Menos mal que tenía desviado el teléfono y me lo ha cogido desde casa. Pero claro... No tenía a mano los datos de la otra clínica y no sabía indicarme. Así que continúo con mi aventura, a todo esto ya llegaba media hora tarde a mi cita.

Por fin doy con la clínica, recordaba el logo, pues es la única clínica que utiliza un colmillo como logo, menos mal que algo me sonaba de la tarjeta que me dio dos años atrás. Toco al timbre, doy mi nombre, subo y voilà, allí era. Subo, todo bien, me vuelvo a casa para ducharme, arreglarme y prepararme para la cena y las copas de después, pero resulta que la cena se ha venido a bajo. Así que tampoco hay cena.

Pero lo más triste no es todo esto, pues ya después de una otra y otra y otra... Al final uno ya se va riendo de todo lo que le sucede, pues hay que intentar ser optimista, pero claro, que después de todo este meneo tampoco veré a mi morena...

En definitiva, que es un día muy triste, pero que muy triste en el que llueve dentro de mi corazón después de tanta calamidad, pero está inundado al recordar que esta semana, una semana que no veré ni disfrutaré, de mi niña guapa.

Firmado, un desgraciado.

miércoles, 27 de julio de 2011

Alejándome del andén


Hola, pequeñaja!
Espero que la idea que he tenido surta efecto y puedas ver lo que te tengo preparado. Me he quedado muy frío y muy estático, sin saber que hacer, que decir, hacia donde dirigir mis pasos,… La mirada relentizada intentando memorizar tu “hasta pronto”. Una despedida amarga, insípida,… Con sabor a Coca-Cola. Demasiado gas para mi. Ya te echo mucho de menos. La niña de mis ojos, tú, mi morena, ha sido mi compañera de viaje en la ida, y ha dejado su asiento para mis fieles compañeras de viaje más habituales en momentos como este, las lágrimas.
Saladas y húmedas, como siempre, revoloteando por mis pómulos y deslizándose como si se trataran de esquiadores de fondo, tocando mis labios, secos y ácidos y dejándo en mi blanda compañera un sabor muy desagradable. Pasos decididos hasta el coche sin pensar, sin pensar, sin pensar. Minutos sentado en el coche, sin respirar, sin respirar, sin respirar. Ha sido un fin de semana muy completo, muy especial.
Momentos como estos me dicen que eres esa persona que ansío tener cerca. Siento lo del bote de Coca-Cola, al igual que siento que te marches. Me he quedado congelado, casi como ahora que apenas sé cómo expresar tanto dolor y tanta angustia por volverte a ver alejándote por el andén.
Me han venido recuerdos de aquel primer fin de semana. Para mí, un fin de semana muy emotivo. Te cogí especial cariño y sufrí mucho tu regreso. ¿Te hubieras quedado más tiempo? De aquello hace casi dos años, en aquel 2007. Me alegro de haberte conocido y de que estes ahí, a mi lado. Te necesito más de lo que piensas y te quiero más de lo que deseas un buen tiramisú.
Quiero que me hagas un favor, nada más que lo leas, llámame, sin importar la hora que sea. Me lo prometes? Necesito escuchar tu voz de nuevo, necesito imaginar que sigues a mi lado. Difícil son las distancias, y aunque alardeémos de que contra nosotros no puede ese ente llamado Lejanía, nos vapuléa de tal modo que nos deja sin aliento, pero con la firmeza y vigor suficientes como para volver a recargar pilas y aguantar el segundo asalto.
Además quiero que recuerdes que estoy aquí, para lo bueno y para lo malo. Ando muy liado con la universidad, demasiado que leer, que estudiar, que hacer… Tantas horas invertidas en mi formación que apenas me dejan disfrutar de tí. Pero lo bueno se hace esperar, ¿verdad? Sé que lo conseguiremos, pero necesito que vuelvas a comerte tu dósis de azúcar, que vuelvas a tener ese sabor dulce y no tan áspero como últimamente por el estrés en el que vives. Intento darte pequeñas cucharadicas de ese elixir dulce para que ambos seamos felices, pero en ocasiones la cuchara cae al suelo por intempestades inesquivables. De todos modos, uno aprende más que a esquivar a prevenir los golpes del destino. Espero que sigas sintiendo por mí, lo que yo por tí y que la próxima vez que estemos juntos nos fundamos en un abrazo tan intenso que nos convirtamos en un único ser.
Te echo de menos y espero verte pronto, espero escucharte pronto, espero sentirte pronto y espero besarte pronto. Sin estirar más mi amargura, e intentando hacer crecer mi optimismo y felicidad, termino esta corta pero intensa misiva con un beso y un abrazo muy grande para la niña que yo más quiero.
Se despide, Alex.
PD: Siento lo de la Coca-Cola.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Crisis y Delirios


Crisis y Delirios

Oscurece en mi palacio de odio
Se acaban las letras de mi abecedario
Expresar como me siento es fácil
Como pez en el agua de un pequeño acuario

Miro por la ventana y me consuelo
Con los pies bien fijos al suelo que piso
Las estrellas brillan de nuevo
Y el aliento de las personas que quiero me mantiene vivo

Rocío con mis versos el silencio de la soledad
Observo por las noticias como se autodestruye la humanidad
Sufro por el mañana y apenas puedo concentrarme en el presente
Pero esto al presidente que más le da, su pensión vitalicia le da cierta seguridad

Me gustaría ver a esos políticos en mi situación
Congelación de su sueldo, sueño con ese preciado momento
Ver que no pueden pagar la casa y la hipoteca les ahoga sin demora
Coloca su horca en su cuello y los eleva sin tocar sus pies la tierra

Rojo, azul, naranja, los colores no valen nada
El único color que hoy vive, domina tu vida, mi vida
Es el verde, billetes, nuestros grilletes
Tan sólo somos títeres en esta feria de magnates

Atrévete a hablar, lo mismo da, tu voz nunca les llegará
Hablar con la pared puede resultar ser más útil
Sutil o directo tu mensaje se perderá
Nunca hará caer el imperio de maldad

La gente sigue como insectos su camino
Borregos incultos en su mayoría
Pastores avariciosos y bastante ociosos dominan nuestras vidas
Ciegos ante tanta hipocresía

La única solución es cambiar el sistema
Antes que eso nos matarán para resolver este dilema
Somos demasiados, afirman
Nueva gripe y nueva "cura" panacea de la crisis que se nos vino encima

Su sistema tiene agujeros señoría, señoritas, señores, señoras,...
Ya no sé como llamarles con tanto delegado adjunto, tanto ministerio absurdo
La gente pasa hambre y los niños no pueden recibir su educación
Quizás esa es su misión, obligarles a abandonar la única riqueza que el Estado les puede aportar

Dejarles en blanco, dotarles de silencio para que puedan callar
Para que puedan descansar tranquilos
Tranquilos, ustedes no piensen, ya lo hace el gobierno mientras ustedes duermen
Sigan en su cuarto mirando la televisión, preparando el siguiente asalto,
Haciendo más rico al rico y jodiendo más al pobre trabajador.

Mensaje del Gobierno de España

martes, 1 de febrero de 2011

Te quiero. Mensaje musical.


Mensaje musical que emplea canciones del youtube y que le escribí a mi morena, Carol.

Hoy [Dreaming of You - Bennie Man feat Alaine] porque te echo de menos y no quiero estar [Sin ti - Alaine] . Sé que lo nuestro es [No ordinary love - Alaine] pero hay que buscar un [Rise in Love - Alaine] básicamente porque [You are Me - Alaine] y por que [I love you - Alaine]. Y es [Forever More - Alaine Feat Tarrus Riley].


sábado, 29 de enero de 2011

Viajar

Viajar no es sinónimo de tomar un avión o un tren y visitar países, se puede hacer desde el corazón.
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Mal apoyado en la cama
mirando por la ventana
amaneciendo por tramontana
y observando el amanecer
[como cada mañana
Importante fijación en la luz del sol
como se oculta tras haber iluminado otro largo día
Tardía mi ilusión
tardío mi corazón
Perdí mi billete de avión
Una noche más,
perdido en mi habitación
sin saber que pensar de tanto dolor
Lágrimas me acompañan
y empañan mis recuerdos
Más no puedo pasar sin tí,
sin tu corazón.

2005, Alex en su primer blog.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Teatro Ambulante (Canción)






Texto Rescatado
Escrito el día 10 de Noviembre de 2008

Camino descalzo por el mundo
Me obligan a ser sordo y mudo
La soledad en ocasiones sufro
Me introduzco en el inframundo
Viajo perdido entre entes aparentemente desnudos de cuerpo y mente

Falsedad a la orden del día
Sufrir poco ataques de alegría
Vida vacía por personas que esconden su rabia
Savia en mi labia sabía que estaba
Babas al escupir verdades como montañas

Internet puede ser un arma mortífera
Millones de historias inventadas
La gente ahora puede ser lo que nunca serán
Puede fingir sentir lo que nunca sentirán

Las palabras se las lleva el viento
Miento cuando estoy contento
Me lamento cuando mienten por tranquilizarme
La sociedad comienza a asfixiarme
Hablan sin conocer quien hay detrás de mi cara de imbécil

Siento apatía por conocer a tías
Bucle infinito se repite la historia
Te enseñan las tetas por la cam
Se acuestan contigo hoy y mañana ni se acordarán
Además salen con un chico y les da igual

Discotecas y fiestas sinónimo de muchos amigos
El gimnasio te regala un buen nivel de ánimos
Músculos ficticios que te hacen destacar en tu mundo imaginario

||ESTRIBILLO||
||VOCAL||

Un buen coche parece la clave perfecta para ensimismar a las tías ineptas
Un buen vestuario para aparentar ser más de lo que uno es y jamás será
Quizás para ocultar de forma disimulada la falta de inteligencia bajo buena apariencia

Cuando un amigo te diga que está para lo que haga falta duda
Si tu novia no te mira a los ojos cuando dice te quiero prepara tu escapada
Si te miran raro cuando paseas por el barrio mantén paso de plomo y alza la mirada
Si tu coche no tiene caballos si no tortugas, tranquilo sube más mi música que reviente mi puta acústica

Te duelen los oídos cuando hablan mal de ti
Cuando te engañan con mentiras por no hacerte sufrir
Pero si aprietas los puños y gritas a la mierda podrás resurgir
Fruncir el ceño cuando te mosqueas solo genera arrugas
Es inútil poner mala cara cuando te defraudas
Mejor agarrar el libro en el que reposa tu historia
Y de una vez por todas pasar de página

Si abrís los ojos y observáis todos los movimientos de esta sociedad
Pronto detectáis que son actores sobre el escenario de este dichoso teatro
Teatro ambulante donde la gente representa la misma función cada día
La misma función que no tiene otro título que el de la vida misma.

Instrumental de La KsA Producciones 2008

Para la gente que más quiero!!!
((Sentiros tod@s por aludidos))

viernes, 26 de noviembre de 2010

Historia de un pobre diablo




Texto rescatado
Escrito el día 10 de Mayo de 2007


Abro los ojos y todo lo que me rodea me trae recuerdos de cuando estabas cerca. Tu perfume abrazando mis sábanas, tu cara en la foto, mirada cálida, saliva dulce corazón roto.

Te prometí el cielo y sus estrellas, pero no esperaste a ellas. No prestaste atención a su belleza. El tiempo corre y no espera y tú desperdiciaste cada segundo pensando en él. Fría como la hiel, bella como una puesta de sol, triste cuan niño mutilado y sin piel, pegajosa al hombre como la miel, ojos claros como la mar, pelo anaranjado como la vista al despertar.

Anteponía todo a mí, pus tercer plato fui. Marchaste con mi fuerza y mis ganas de vivir, tras de ti mi corazón corría, pero lo ignoraste, pues el tuyo se enamoró de aquél que mereces. Te trata como una princesa, te crees importante a su lado, pero nunca cierres los ojos, para él eres como una compresa. Ahora te necesita y mañana te desecha. Aprovecha el trecho que divide nuestros pechos, cuelga el teléfono para no escuchar a mi alma en pena. Hazte la sorda y no menciones lo que le hiciste a este pobre diablo. A este pobre diablo que solo busca un por qué a tu acto desangelado. Congelada cuan hielo me quedé y destrozada al verte desaparecer. A tú parecer no es más que un paso hacia delante, ahora soy yo el que no te quiere ni ver. Va a ser que tuve razón, te toca retroceder, pero ahora soy yo, el que no está dispuesto a ceder.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Aire




Texto Recuperado
Escrito en 26 de Noviembre de 2006

Siente el aire como acaricia tú piel
Siente el calor y como derrota la hiel
Siente la brisa que hace vibrar tú camisa
Siente el tiempo y no tengas prisa
Siente la vida misma y contémplala
Siente la calma y tú respirar
Siente el brillo en la oscuridad-
Siente la negrura por mirar fijo la hermosura del sol
Siente la sensación inexplicable con el corazón
Siente el amor y acarícialo-
Siente el respeto hacia ti mismo y guárdalo
Siente el aliento al pasear por el jardín inmenso-
Siente el palpitar al cruzarte con su mirar
Siente la suavidad en su carne-
Siente la aventura de adentrarte
Siente la alegría de reconciliarte
Siente cuando hagas llorar
Siente cuando hagas daño-
Siente tú instinto
Siente el olvido
Siente y solo siente aquello que ansías de niño
Sé fuerte, te lo mereces
Ya combatiste en grandes batallas
Ya lograste derramar demasiadas lágrimas

Aire, solo siento el aire
Aire, junto a mí estarás
Junto a mí avanzas
Abrirás paso a mi alma
Y nunca me abandonarás

Ya es tarde para pedirte paz y tranquilidad
Ya es tarde para derrotarte tiempo
Cronos me venciste, atacaste por la espalda
Tus agujas como espadas atravesaron mi vida
De veda saliste con esperanzas de atraparme
Matarme era el grito de tú estandarte
Por que tanto sufrimiento, no entiendo, no comprendo
Si todavía sigo aquí bajo el mismo techo
Si todavía sigo aquí sobre el mismo lecho
Gran trecho inalcanzable sin despecho
Duro atrezo para una obra maestra de peso
Mi pecho apunto estalla
Mi vida apunto escapa
Mis ganas de seguir aquí me ayudan
Me evaden de la realidad cruda
¿Ya te quieres ir? No encuentras sentido ¿verdad?
Yo ya lo vi, no te quiero seguir, sé que merece la pena seguir aquí
Los sueños, los recuerdos, los te quieros, las caricias, los lamentos,
Los llantos, los malos y buenos momentos, los amigos, las fiestas, las películas, el sexo, tus ojos, los míos, tus manos cerca sin diferencias. ¿Aun te quieres marchar?

AIRE AIRE AIRE

Aire, solo siento el aire
Aire, junto a mí estarás
Junto a mí avanzas
Abrirás paso a mi alma
Y nunca me abandonarás

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Perdido




Texto Rescatado
Escrito en 19 de Enero de 2007

Me siento perdido, sin ánimo de seguir vivo, con todo y nada conseguido. En un mar de lágrimas hundido, en un barco corroído. Pensamientos de suicidio, sueños de niño iluso por aquel daño ofrecido por entes malvados en un intento de hallar mi fracaso, en un intento de verme lanzado por la ventana de mi piso, de recuerdos de aquel tiempo en el que mi corazón estaba cálido por el amor, mi bolsillo lleno de compasión, mi hábitat frecuentado por personas buenas y con ganas de hacerme reír y no llorar. De verme feliz y no con ganas de volar. Asustado por las miradas indiscretas de humanos que adquieren estados alterados de las mentes más cruentas de esta sociedad manchada por el dólar y no por el ser y estar. Mi rostro marcado con el indeleble bolígrafo del dolor más amargo, mis ojos tristes pues no hayan en nada interés por seguir observando, mi nariz potente, grande e inservible por no oler aquel perfume, mis manos temblando por no seguir acariciando la piel que cubría aquel cuerpo tan deseado, mi lengua sumergida en la saliva más ácida, pues no bebe de sus labios aquella savia tan melosa y cálida. En fin, un día más en estos parajes de soledad. Me siento perdido y no hallo mi rumbo, mi camino, mi lugar en este abismo llamado sociedad.

martes, 23 de noviembre de 2010

Te dedico éste silencio




Texto Rescatado
Escrito en 22 de Enero de 2007

Te dedico éste silencio para que pienses lo que fuiste,
para que veas e imagines lo que nunca llegaste a ser,
para que abras los ojos y aprendas a conformarte
con lo que tienes, con lo que eres.

Suena el despertador,
Acostado sobre el colchón,
Soñando con una vida mejor,
Soñando con tener cariño,
ser comprendido, ser escuchado.
Soñando con volver a ser un niño.
Pensando en que la vida te devuelva un guiño.

Recitando versos de antaño,
Hablando con amigos desde los cuatro años,
Teléfono apagado, desterrado de la vida de a diario
Oasis, lagunas de sentimientos ya pasados
De sensaciones perdidas en laberintos de sufrimiento.

Lágrimas bajan por tus mejillas,
Labios tiemblan al chocar con ellas,
Manos abrigan tu barbilla
Y acarician la cara de aquel que recuerda ser quien,
Que recuerda ser alguien en esta vida fría como la hiel.

Te dedico este silencio para que pienses lo que fuiste,
para que veas e imagines lo que nunca llegaste a ser,
para que abras los ojos y aprendas a conformarte
con lo que tienes, con lo que eres.

lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Qué es el amor?




Texto Rescatado
Escrito en 24 de Enero de 2007

¿Qué es el amor? Me atreví a preguntarme una noche en la que las estrellas brillaban con más intensidad que nunca. La luna parecía estática, el tiempo por un momento se detuvo y la brisa me acarició la cara obligándome a cerrar los ojos durante un instante. Tomé aire y el mar con su aroma me hizo soñar. Mi cuerpo recostado en la costa, sobre la arena de la playa, descansando sobre aquella maravilla de paisaje. Solo y sin nadie que moleste mi bagaje. Destierro del mundo que conocemos, bienvenida al mundo de los sueños. Entonces el recuerdo de aquello que en su día me dio la felicidad y ahora me regala recuerdos con su firma, me hizo pensar en preguntarle a la luna, la más sabia de todas las diosas, la que estuvo presente en todos los romances, ¿qué es el amor? Ella permaneció muda, no soltó ninguna palabra, pero me regaló un destello en el que explicaba que el amor no se puede describir. Es es el sentimiento mayor del hombre en esta tierra bañada de tristeza y sangre, de dolor y llantos de personas que nunca lo hallaron, de aquellos que lo perdieron y luego lo añoraron, ... El amor, inexplicable con palabras, pues al hablar de él, solo un perfume me recuerda su compañía, solo una voz me calma al oírla, solo una caricia suya siento al consolarme y solo al verla me tranquiliza ver que es ella la que está cerca. Aquella a la que amo con toda mi alma y no encuentro ahora en mis días, aquella que marchó por mi abandono, aquella con la que sueño cuando cierro los ojos, ... Donde estará es una buena pregunta, ¿quién es? es otra de tantas, pero solo yo sé que ella será única pues me dejó entrar y conocer su alma, sus besos sobre mi almohada fueron su último deseo, antes de que olvidara lo nuestro, antes de que me desterrara y yo quedara solo, acompañado de la luna en esta noche de locos, en esta noche en la que mi pregunta sigue siendo ¿qué es el amor? ¿Por qué si lo siento no lo tengo, no lo huelo, no lo toco, no lo veo?

domingo, 21 de noviembre de 2010

Nubes de papel




Texto Rescatado
Escrito en 19 de Febrero de 2007

Nacer de la tinta de una pluma manchada por el odio y dirigirse a personas que no tienen la culpa del desastre ocasionado, es lo peor que a un verso le puede suceder en su vida. A diario recuerdo lo que fue volar entre nubes de papel, estar en lo alto por escudriñar el interior de mi ser, por expresar lo que otros son incapaces de ver. Lo feliz que fui siendo portador de buenas palabras de amor, lo que en su día marchaba a buen ritmo, lo que en su día me encarceló y yo contento con ser cartero, por convertirme en verso, por tintar de blanco el negro, por iluminar su cielo. Acompañado estaba, solo me encontraba, mi ser te aclamaba. Donde te ocultaste mujer, donde estuviste para que pudiese volver a nacer. Ahora en vez de pluma nazco de una tecla en ruinas, quemada y corroída por la quemadura de un cigarro. Mi amo consume nicotina, pero sabes que anda enganchado a tus labios. Es una sorpresa para la orilla con su arena, para el mar y su centinela, para las estrellas y su luna, para la diosa griega y su historia, para mi vida y mi victoria, para mi madre y aquel con el que la comparte. Soy verso y nazco de sus dedos y de nuevo ofrezco una buena nueva, abandono de las lágrimas de amargor, por un respiro, un descanso, sabor a miel e inhalar a la vez tu perfume mientras duermes a mi lado. Haciendo el amor, pensando en que el tiempo muera y sus agujas le pesen tanto que no pueda seguir marcando, que cese su tic-tac pesado y se detengan por un rato, por saborear más tus caricias, por bordearte con mis brazos, por sentir tu voz a un volumen bajo, por pedirte que repitas pues no oigo lo que ansío, o quiero volver a verlo escapar por tus labios. Te quiero, este es el mensaje que hoy llevo. Soy un simple mensajero, nacido de las manos de mi amo, que hoy está enamorado. No nací de la tinta de una pluma pero sí de sus dedos. Volviendo a recordar lo que era volar entre nubes de papel, volviendo a recordar lo que era jugar y sonreír por verle así de feliz.
A.Romero

sábado, 20 de noviembre de 2010

Mis musas



Textos a mis musas


Texto Rescatado
Escrito en 24 de Febrero de 2007

Primera Parte

_________________________
-"Sinuosas curvas las que posees, y mis labios temblorosos por ser su primera vez, por ser la vez que besaron tu piel. Quieren llegar a escalar tus senos y desembarcar en un desenfreno al volcar sobre tu monte de Venus. Convertir en agua lo que fue veneno y adentrarse de lleno en tu interior, con su pasión y calor infierno."-
______________________________

-"La última vez que te vi, desapareciste cual déjà vu (/deʒa vy/), tras las cortinas abandonando la estancia en la que me abordaste con tus brazos, besos obseso por morir sobre tus huesos. Tu vestido de seda translúcido y mi mente que enloquece al verte, mis ojos tintineantes te absorben y te despojan de tus linajes. Te deseo y no sé como expresarlo, ni cuando el cielo acompaña la velada mi alma sigue inquieta por tenerte y poseerte toda."
______________________________

viernes, 19 de noviembre de 2010

Las aventuras de Omenophis




Texto Rescatado
Escrito en 2006 y publicado en 2 de Marzo de 2007

Quinta parte

Al final de aquel angosto túnel nos encontramos con una sala enorme, de forma rectangular. Había una mesa de madera corroída por el tiempo y la humedad del lugar. No había sillas, solo dos señores vestidos de negro y armados. Al acercarnos a ellos, tras cruzar toda aquella antesala, el anciano les habló en un idioma un tanto extraño que me dejó boquiabierto. ¿A qué lugar me habían llevado mis pies? ¿Tan alejado estaba que ya no se hablaba el mismo idioma? En fin, me sorprendió ver como aquellos pedazos de armarios de tíos se apartaron y nos dejaron pasar. Dos puertas al estilo de fortaleza, reforzadas con clavos de cabeza cuadrada de unos diez centímetros de lado formaban dos hileras en cada portón. Nos introducimos dentro de aquel lugar tan escabroso, pues los techos de esta zona eran aun más bajos que los de la zona anterior. Aquí estaba todo menos iluminado y por fin, unos escalones que parecía nos devolvería al nivel del que yo, al menos, procedía. Subimos uno, dos, hasta quince escalones, los primeros de tierra húmeda y recubiertos con una pasta extraña. Los últimos de piedra maciza.

Algo extraño que desprendía destellos al lado de una puerta metálica llamó mi atención. El metal de aquella puerta estaba tan pulido que casi me podía ver reflejado. El joven acercó la mano y se accionó algún tipo de mecanismo, pues la puerta se retiró a una velocidad pasmosa. Un patio gigantesco lleno de gente y un ruido ensordecedor me daban la bienvenida a aquella ciudad que estaba seguro, era guardiana de un secreto muy grande. Seguí los pasos del anciano y del joven extraño y me condujeron hasta un cuarto en una de las esquinas del cubículo en el que se ubicaba el patio exterior. Efectivamente, bordeado de altas murallas de piedra. Estaba dentro de aquella fortaleza. La gente hablaba a gritos, estaba lleno de comerciantes y de pronto un silbido que retumbaba entre aquellas paredes macizas me recordaba al sonido que escuché la noche anterior y que me obligó a taparme la cabeza con el macuto para poder continuar con mi descanso. Unas luces muy extrañas se iluminaban en el suelo en una de las esquinas del patio y le siguió el mismo sonido grave y fuerte que el que le precedió la noche anterior mientras intentaba dormir. Una sombra gigantesca ocupó todo el patio y al llevar mi vista al cielo, vi un artefacto metálico que flotaba en el aire. Unas luces intermitentes de color rojo en la parte inferior del mismo me atrajeron tanto que casi le di más importancia a eso que a que un objeto tan grande y seguramente pesado pudiese estar volando como un pájaro, aun que ni eso, pues planeaba casi estático y descendía con mucha cautela. Al llegar al suelo me quedé anonadado. En su interior viajaban hombres y mujeres. Vestían del mismo modo que yo lo hacía antes de comenzar mi viaje. Me sentí muy identificado con ellos, pero no sabía quienes eran. En una de las partes de aquel objeto que era capaz de evadir las leyes de la gravedad, una inscripción. Distinta a la que hallé en la magnífica puerta del palacete, pero también me era familiar y ¿por qué?

En ese momento el anciano llamó mi atención con un chasquido en los dedos a pocos centímetros de mi nariz. Me asusté, pero volví en mi mismo en breve. Le miré y me invitó a pasar dentro. Algo comentaba sobre la preparación que debían llevar a cabo conmigo. Pero ¿Qué preparación? ¿Dónde diantres estaba que hasta los hombres volaban? Tenía cada vez más interrogantes, pero que demonios, en el fondo me gustaba, pues mi aventura no había hecho más que empezar.

FIN DE LA QUINTA PARTE
Fin del capítulo 1

Autor: Alex Romero

jueves, 18 de noviembre de 2010

Las aventuras de Omenophis




Texto Rescatado
Escrito en 2006 y publicado en 2 de Marzo de 2007

Cuarta Parte

Aquel camino me acogió con buen pie. Me sentía cómodo aun que demasiados interrogantes en mi cabeza como para fijarme si las piedras eran molestas o no, como para fijarme si la cuesta que más adelante me tocaría subir era demasiado empinada o no. ¿Por qué aquél pórtico, o más bien su inscripción me traía tantos recuerdos? Mejor dicho, recordaba aquellos objetos. Nunca antes había estado en aquel pueblo y mucho menos en ese palacete. Tampoco había visto antes a aquella niña y me sorprendía que llorara tanto al verme marchar. Me llevé la mano al mentón, en plan pose pensativa. Y cual fue mi sorpresa que tenía barba, además larga. No me había visto reflejado en esos cristales casi mágicos que había en las casas de la gente rica durante mi estancia allí, pero no recordaba tener ya una barba tan avanzada. ¿Había algo más extraño a tener en cuenta tras mi salida de aquel pueblo? Quizás el que todos los habitantes del mismo se hicieran los locos al yo pasar por aquella plaza.

Demasiadas cosas extrañas habían sucedido en tan poco tiempo. Desde que me marché de mi cabaña al la vera del mar, con aquella vegetación fantástica y con mis pocas pertenencias que me hacían un hombre feliz y completo. Aun llevaba en mi macuto algunas de mis pertenencias más valiosas y en mi interior mi espíritu seguía ilusionado por seguir viajando. Mi primera prueba de resistencia tras abandonar el poblado, aquella empinada subida, el camino era muy caprichoso con los pobres errantes que se zambullían en sus serpenteantes brazos. Tras subir aquella cuesta, una pequeña meseta quedaba justo bajo mis pies desde la cual se divisaba la magnificencia de aquella tierra. Bañada en su totalidad por la luz del sol y con ciertos tintes florales que invitaban a soñar. Pero no podía ser, no había andado casi nada, el pueblo todavía estaba a mis espaldas y desde allí se divisaba las casas en la que había dormido, aquel jardín del cual me había enamorado y en el que no tuve la suerte de perderme al anochecer con aquella maravillosa niña, la plaza con su fuente y sus gentes. Todo aquello estaba demasiado cerca. A tan solo media hora de camino. Tomé aire y me dejé deslizar por aquella pequeña meseta pues la aventura me esperaba, me llamaba a su lado.

Continué caminando y llegué a un cruce de caminos. Difícil decisión pues un cartel clavado con un par de estacas y sujeto con hilo de pita grueso, se había desprendido de su posición original y se hallaba boca abajo. Al girarlo me di cuenta que podía tener diferentes direcciones posibles, pues en todas ellas encajaba a la perfección. No había manera de averiguar cual era el camino correcto. De todos modos ninguno de los dos destinos me llamaba más la atención, ni tampoco serían mi último destino, ¿o sí? ¿Cuántas aventuras podrían estar esperando mi llegada en esos poblados alejados de la mano de los dioses? De momento no tenía conocimiento suficiente como para responder a esta pregunta, pero en seguida me di cuenta que si no me decidía ya pronto caería la noche y no era muy buena idea dormir en un cruce. Había el doble de posibilidades de encontrarme con algún alma despiadada con ganas de desplumarme. Y aun que no tuviese nada de valor material en mi macuto, si iba llamando la atención con aquellas ropas de rico y seguro que no me iban a preguntar primero si lo que en él llevaba era de valor o no. Primero me arrebatarían algo que jamás regalaría ni derrocharía, mi vida, y luego se darían cuenta que han matado a un inservible ser humano sin nada de valor en su haber. Me decidí por el camino de la izquierda, pues parecía más ancho y no me daba la mala sensación que me daba el otro, pues parecía que el camino de la derecha daba a parar a un inmenso bosque de árboles gigantes. Se veía a lo lejos. Por ello y no por otra razón así tomé mi decisión. Caminé sin descanso hasta que la luna por fin ganó la batalla y el sol se rindió a sus pies, apagándose tras aquellas montañas del horizonte.

Yo no encontré ningún sitio de cobijo tan bueno como aquella cueva durante días. Me limitaba a apartarme del camino y dormir bajo o entre los setos que crecían a su vera. Comía insectos, pequeños roedores y algún que otro fruto, que para mi eran manjares. Tras cuatro días andando casi sin descanso, di muerte a aquel camino y me introduje en un nuevo pueblo. Sus murallas se divisaban a lo lejos, eran muy altas. Parecían gruesas y macizas. Imposible de atravesar ni con cien mil hombres del mejor de los batallones. Me mantuve expectante a encontrar la entrada, pero parecía que no las había. Tardé dos días en bordearlo todo y no encontré ni una sola entrada. Creo que ni el aire era capaz de atravesar aquellos muros. Cuando terminé al completo mi observación, me dejé caer rendido en el suelo sin saber ante que me enfrentaba. De pronto el suelo tembló y me pareció increíble. Un terremoto pensé, pero era tan extraño, era como si golpearan mi trasero. Mi mirada fija en aquel muro tan alto y rollizo se dirigió a una velocidad de la luz hacia el suelo para ayudar a mi mente asombrada a comprender el por qué de aquellos temblores. Eran más bien como si golpearan mi trasero, como antes decía, y de pronto escuché una voz. Pero, ¿de dónde venía esa voz? Me empecé a poner muy nervioso y me levanté corriendo. Al levantarme, uno de los pequeños tacones que llevaba mi zapato golpeó el suelo y fue cuando sentí un ruido a madera muy extraño. Parecía hueco, así que me aparté y de pronto apareció de debajo de la tierra una puerta de madera que se abría dejándome ver un nuevo mundo. Un señor con una barba casi kilométrica se asomaba con una antorcha y un joven bastante musculazo se encargaba de sostener el increíble portón.

Me quedé completamente perplejo al ver aquello, pues nunca imaginé que la puerta a aquella gran ciudad fortificada estuviese enterrada enfrente de uno de sus muros infranqueables.
–“Bienvenido amigo. Debes de estar hambriento después de dos días merodeando por aquí. Las ratas no son lo mejor que tenemos por estas tierras para comer. ¿Te apetece probar el ciervo y dar un trago a un buen vino?” –
Al decir aquello el anciano de la puerta me pasaron diversas preguntas por mi mente, cada vez más asombrada por el mundo que había a mi alrededor. Pero la primera y más importante era, ¿cómo sabe que llevo dos días por aquí y comiendo ratas? ¿Cómo me han visto si yo a ellos no?
En fin, me limité a entrar, pues aun que tras aquel portón de madera me esperara la muerte más despiadada, mis horas estaban contadas si seguía allí, pues era el único pueblo que había en decenas sino cientos de kilómetros a la redonda. No tenía otra opción, y cuando decidí partir de mi humilde choza, lo hice para vivir aventuras. Me adentré por un pasadizo algo oscuro y húmedo, con cierto olor a incienso y cuyas paredes eran de bloques de piedra, muy similares a los de la muralla. Al final se divisaba una luz muy intensa. ¿Dónde me estarían dirigiendo aquel anciano y su “nieto” sin mediar palabra? ¿Sin preguntarme nada?

FIN DE LA CUARTA PARTE

Autor: Alex Romero

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Las aventuras de Omenophis




Texto Rescatado
Escrito en 2006 y publicado en 2 de Marzo de 2007

Tercera Parte

Al abrir los ojos lo vi todo nublado y muy borroso. Me picaban mucho los ojos. Y al llevarme una de mis manos todavía temblorosas para rascarme, no solo se me aclaró la vista de forma gradual, sino que me vino un olor a perfume muy fuerte. Miré hacia mis pies y fue cuando descubrí que estaba acostado en una cama muy confortable y grande. Además, estaba vestido con un traje de algodón muy cómodo, además de ser bonito. Fui a levantarme pero las piernas me flojeaban. Me pareció estar en un palacio digno de un rey muy rico. El suelo estaba muy frío, era de piedra resbaladiza. Un vaso con agua del tiempo me esperaba en una pequeña mesilla que había al lado de la cama. Di un trago y caminé hasta la ventana. Una enorme cortina aterciopelada cubría la pared delantera, justo enfrente del pié de la cama. Al apartarla descubrí una gran balconada cuyas vistas ofrecían un paisaje precioso. Se intuía un jardín inmenso, lleno de colores, verde, rojo, rosa, azul y por allá más al fondo, colores púrpura y amarillo, verde lima y otros muchos que parecían de otro mundo. Abrí las compuertas y con pié miedoso me dediqué a avanzar a un paso tan lento como mi vista se iba recuperando de los potentes rayos del sol. Me apoyé sobre la barandilla y me incliné para ver en su totalidad, aquel jardín que parecía sacado de las historias que mi padre contaba cuando era niño. Nunca había visto nada igual. Tres personas, muy mal vestidas y con los pelos andrajosos se disponían a podar los setos que daban justo al pié de la inmensa escalera que moría justo bajo el piso en el que me encontraba. Me maravilló el trabajo tan laborioso de aquellos hombres y he de admitirlo, me quede embobado. Al momento noté como una mano se apoyaba sobre mi hombro. Tan lentamente y con un movimiento tan armonioso que casi no percibí al tacto. Dejó caer su liviano peso sobre su cadera, y ésta la apoyó levemente sobre la barandilla del balcón.
“¿Cómo te encuentras? ¿Te sientes mejor? Menudo desmayo amigo mío. Tienes que venir de muy lejos para estar tan cansado y tan débil. Y ala vez has de ser alguien con el cuerpo muy fuerte, pues no pareces enfermo.” – Me dedicó todas estas palabras con su voz dulce y melosa. Y continuó diciéndome. – “Tu ropa está preparada sobre tu cama. Si necesitas ayuda para cambiarte solo has de pedirla. En cuanto termines te estaré esperando fuera para que vengas bajo a comer algo. ¿Tienes hambre?” –

Tan bien me trataba que no sabía donde me encontraba. Tenía tantos interrogantes que me sentía perdido. No sabía que decir así que le dediqué una sonrisa tan pura como mi sensación de bienestar. Se comenzó a alejar de mi lado, apartando su mano de un modo tan sutil como cuando aterrizó, tan leve fue su movimiento que sino es porque la veía no sabía que desprendía su mano de mi hombro. Cuando empecé a despertar del todo, volví dentro y comencé a vestirme. Como buenamente pude me coloqué aquella ropa tan inaccesible para alguien como yo y me dispuse a salir. Nada más abrir la puerta me encontré con ella. Me pidió que la acompañara y así lo hice. Bajamos aquellos escalones tan imponentes hijos de aquella gran escalera cuya barandilla parecía una de las serpientes gigantes con las que alguna vez me las tuve que ver. Una alfombra de color turquesa adornaba los centros y se me permitía pisar sobre ella. Al llegar abajo una enorme entrada toda en mármol nos daba la bienvenida. Una vez bajo, giramos a la derecha, hacia un gran portón de madera y cristal. Digno de mención, pues más que una simple separación entre ambas salas, estaba ante una grandiosa obra de arte. Dos hombres de igual vestir, se apostaban a cada lado, apoyando sus musculosos brazos sobre unas palancas doradas que había a los laterales de aquel magnífico umbral. Tras un saludo en plan reverencia, pusieron todo su empeño en desplazar aquellas palancas que les llegaban hasta la cintura desde el suelo y que nacían de una hendidura en el suelo. Al moverlas, las puertas comenzaron a retirarse hacia el mismo lado en el que debían estar sus bisagras. Se abrieron de para en par y tras otra reverencia, aquella niña y yo entramos en el salón.

Una lámpara enorme en lo alto de aquella mesa de madera que dudaba si pertenecía a un gigante, dominaba las alturas con un brillo celestial Llena de millones de piedrecitas de cristal. Silenciosas en su quietud, pero magníficas en su proyección contra aquellas paredes de un papel pintado tan animoso como el vestido de mi anfitriona. Cientos y cientos de pequeños arco iris nacían de aquella escultura en cuarzo, dibujando su rastro en los muros del habitáculo. Unas sillas de madera cuya talla era media y los dibujos de su respaldo tan trabajosos como bonitos. Ella comenzó a andar hasta un lado de la mesa y yo la seguí estupefacto ante tanta belleza. Nos sentamos, por desgracia, uno enfrente del otro, demasiado lejos y a la vez demasiado cerca, pues hacía ya mucho tiempo que no compartía aquel momento con nadie. Decenas de platos pasaban por mis narices y no dejé de engullir. Tenía tanta hambre como un oso cavernario. Al terminar, ella salió un momento de aquel inmenso comedor y volvió a entrar acompañada de un apuesto joven. Yo me levanté, pues algo sabía de modales, y me lo presentó. Se trataba de su futura pareja. Me quedé helado, perplejo, decidí que aquello era una pesadilla. Pasaron por delante de mí cada segundo que disfruté de aquella compañía, de aquel aroma, y ya en última instancia de aquella maravillosa casa. Me había tirado un día entero durmiendo y cuando despierto y empiezo a disfrutar de aquella situación, todo se desvanece como si se tratara de un truco de magia. No sabía muy bien que sucedía, pero el chico en una de sus fuertes manos llevaba consigo mi mochila. Alargó el brazo y me la entregó. Me pidió que le diera un poquito del perfume que había utilizado para aromatizar el cuero de mi macuto y a cambio me daría lo que el tuviese en su poder a cambio. Era muy común el trueque entre los ciudadanos de aquel mundo tan mal repartido. No sabía que decir, pues me olía a que todo esto era una despedida. La niña me había robado el corazón, a cambió me dio de comer y ropas nuevas. Su chico me devolvía la mochila pero deseaba un poco de aquel perfume y a cambió me daría cualquier cosa que tuviese en su poder. Como sabía que la hora de mi marcha se acercaba y no había tiempo de contemplaciones, le rogué que me dejara besar a aquella ninfa por primera y última vez antes de partir. El negó con la cabeza y me tiró el macuto a la cabeza. Me dijo que como era capaz de pedir semejante cosa, a una dama de tan alto prestigio como aquella que besara a un mendigo como yo. Sin embargo ella no opinaba igual y se abalanzó sobre mí. Sus labios chocaron contra los míos y una pequeña fuerza hacía todo lo imposible por separar mis labios, por abrir mi boca. Me dejé llevar y su lengua penetró con tanta fuerza que casi sentí que me la tragaba. Mi sexo comenzó a eructarse y justo en ese instante, la apreciada niña se separó de mí, dejándome al descubierto. Los pantalones parecían sacos que ocultaban alguna maravilla que, por lo visto, debía permanecer oculta al placer que me podría proporcionar aquella dulzura de mujer. El chico sonrió al verme y tomó de dentro de la mochila el frasco que contenía mi perfume. Se lo metió por completo en un zurrón y me invitó a marchar. Salí por aquella inmensa puerta y ahora me di cuenta que en ella había una inscripción que me era muy familiar. Pero no supe estar a la altura de aquel acertijo a tiempo y no recordé donde lo había visto antes. La niña vino corriendo a la puerta principal, cuando yo ya estaba en el último escalón, dispuesto a marchar. Al girarme, pues escuché como el caer de una pluma a mis espaldas e imaginé que eran los pies de aquella niña acercándose a la puerta; me di cuenta que de sus magníficos ojos caía un pequeño río de lágrimas al verme por última vez. No comprendía porqué, pues solo nos conocíamos de un día, y casi ni eso. Pero en fin, me limité a seguir con mi camino. Entonces, me di media vuelta, me coloqué el macuto en mi hombro y hacia delante sin miedo incliné mi cuerpo. El sol en lo más alto me abrigaba con su manto cálido y me invitaba a caminar por muchas horas hasta que la luna le diese muerte. Entonces tendría que volver a buscarme un cobijo donde dormir.

Pero, ¿dónde había visto antes aquella inscripción? ¿Por qué aquella niña lloró tanto al verme marchar? De vuelta a ningún lugar y sin destino definido volví a pasar por la plaza donde todo empezó. La gente aglutinada en los comercios no se giró para mirarme en absoluto. Me sentía como uno más, o no, incluso como un ente fantasmal, translúcido al que nadie podía sentir ni ver. Aquello era mucho más que molesto, era escalofriante. No entendía nada, pero decidí salir de aquel pueblo lo antes posible. Había algo que no era normal y eso me inquietaba. Por lo que seguí el dictado de mi corazón y me lancé de nuevo a la aventura por aquel sendero que me llevaba lejos de aquel poblado, aparentemente lleno de enfermos de mente.

FIN DE LA TERCERA PARTE

Autor: Alex Romero

martes, 16 de noviembre de 2010

Las aventuras de Omenophis




Texto Rescatado
Escrito en 2006 y publicado en 1 de Marzo de 2007

Segunda Parte

Apoyado sobre uno de los bordes de la fuente de la vida con una mano, llevé hacia mi hombro afortunado en el que reposaba el alma de aquella diosa la que me sobraba y la que tenía más seca después de mis dos intentos de beber algún sorbo de agua. Al tocar aquella piel me quedé paralizado. Era tan suave, tan frágil y tan fina. Con el movimiento que hice en dirección a aquella maravilla de la naturaleza me regalé un soplo de aire empapado con su aroma. Dulce y cálido, como la mano que ahora descansaba sobre mí. Con un movimiento muy pausado y con la cabeza mirando hacia el suelo, me atreví a girarme poco a poco, a modo de reverencia. Ya se intuía un cuerpo perfecto con la sombra que bañaba el suelo con una silueta perfecta, digna de un ser supra natural venido de otro mundo, quizás del de la perfección, de aquel en el que todo ser halla su felicidad con simplemente aspirar el aire que en él habita. El suelo era digno de ser besado solo por ser el tapiz que diera soporte a aquella proyección tan bella, tan divina.

El murmullo de la gente se acrecentó en aquel instante. Yo con casi todo el cuerpo girado y con miedo a seguirlo con mi cabeza, fui muy lentamente dirigiendo mi vista a sus pies. Deleitándome con aquella sombra, con aquel aroma. Al chocar mi vista con sus pies creí sentir un leve mareo. Eran unos pies precioso, engalanados con anillos, pulseras en los tobillos y unas sandalias dignas de la hija de un ser superior. Seguí subiendo, pues aun a pesar del respeto que en un inicio decidí ofrecer, sentía cada vez más curiosidad. Sabía que corría el riesgo de quedar petrificado, quizás de perecer en el intento de encontrarme con sus ojos, o incluso antes, al llegar a la altura de su pecho, pues de su cuello podría pender un colgante mágico y atraparme para siempre en su gema. Aun siendo conocedor de tales peligros, seguí subiendo por aquellas piernas tan largas y tan rectas, con su contorno bien definido. Un fino tejido, casi transparente me dejó con las ganas de deleitarme con sus rodillas. Era el inicio de un bello vestido de alto linaje. Parecía seda de alta calidad, las usadas por las princesas. De un color turquesa, muy llamativo por otra parte y con ribetes dorados, rojos y azul oscuro que adornaban los extremos. Un bordado en colores más tenues decoraban la parte superior de aquella falda, tan corta para la gente de aquel pueblo, pero tan larga para mi joven mente que ardía en deseo de despojarla de aquel maravilloso velo, pues tanta perfección guardaba su perfil que no quería morir sin ver la verdadera estructura culpable de tan perfectas curvaturas en la tela. Llegando al vientre, que vientre. Unas caderas bien detalladas en contraste con su fina cintura y haciendo gala de una barriguita tan apetecible como el agua por el que antes luchaba por llevarme a los labios. Ya a la altura del pecho, pero sin olvidar que de reojo vi la mano que tenía libre, una mano perfecta, pequeña y engalanada con anillos y pulseras plateadas. De uñas pintadas y bien cuidadas, dignas de una mujer que jamás había trabajado. Dueña de unos dedos finos y rectos, carnosos y tiernos, largos y ardientes. ... Podría seguir así durante horas, pero volvamos a la altura de su pecho, pues fue cuando me tranquilicé. No pendía ningún colgante en el que quedar atrapado por la eternidad, ni mucho menos. Sino que me encontré con un escote que lucía tímido dos pechos redondos y con los que cualquier mujer de aquel pueblo deseaba. Bueno, y cualquier hombre, pero con otros propósitos que no merece la pena mencionar. Hasta yo los deseaba, pero no por lo que pensáis. Hubiese sido feliz con poder verlos al natural aun que solo hubiese sido por unos instantes en toda mi vida, pues estaban hechos con tanto cariño que el dios creador, fuere quien fuera debió utilizar diversas herramientas, como un compás para conseguir aquella redondez sin sostén, un peso para equilibrar ambos pechos, una pizca de dulzura para embrujarlos, picardía para tintarlos de aquel tono rosáceo y un poco de malicia para obligarla a ir vestida.

Tras aquellos segundos observando la perfección en sus curvas, continué con mi viaje por aquel cuerpo perfecto siendo mi carruaje mis ojos de niño perdido en un mundo tan inmenso en el que andaba hundido por completo en interrogantes. Su cuello tan terso y recubierto con aquella piel tan fina me recordó al movimiento de las nubes en el cielo. Tan esponjosas y tan livianas, tan suaves y tan bonitas, que invitan a soñar y crean impotencia por no poder subir allá tan alto y tocarlas con las manos. Me recordaba al tacto del terciopelo que solo en una ocasión pude tocar y del que me enamoré de inmediato. Pues mi padre era vendedor ambulante, un simple viajante que andaba siempre de puerto en puerto. Padre al que no conocí, pero del que aprendí tantas cosas como pude mientras lo tuve. Toda su piel me recordaba a cosas maravillosas, su cuello se me hacía irresistible. Pero continué subiendo. Me encontré con su barbilla. Con sus labios. Oh, dioses, que labios habéis esculpido en este rostro del que estoy tan maravillado. Carnosos y apetecibles. Dejaban un ligero agujerito en su centro. Un tentador pecado, de un color rosado, más bien carmesí, dignos de un ángel recién llegado del cielo más lejano. Unas mejillas en sonrojadas, de un color vivo y tan bien enmarcadas por aquellos hoyuelos. Una nariz pequeña, similar al cristal por su apariencia frágil, que invitaban a seguir subiendo y haciendo sombra al cabello tan largo que ya se intuía desde la altura del cuello.

Por fin alcancé sus ojos. Cuando ambas miradas chocaron, parecía una lucha de titanes, millones de partículas explotaban al chocar con el haz creado entre ambos mientras contemplábamos a qué personaje tenía delante en su caso, y yo quedaba maravillado por aquella magia que muy de vez en cuando sus párpados ocultaban. Unos ojos claros que eran fiel reflejo del mar del que venía. Cristalinos humedecidos y brillantes. De un color tan impactante que no sabía que existiera en la naturaleza, digno solo de los sueños que me regalaban los dioses por la noche al caer rendido en mi catre o últimamente en cualquier escondrijo a mitad de mi camino. Me quedé petrificado y noté como su mano bajaba de mi hombro por mi brazo hasta alcanzar mi mano. Se abrazaron fundiendo ambas palmas y me condujo hasta un cántaro que parecía soldado al bordillo de la cuenca de la fuente. Entonces sonrió. Yo nervioso como el que más, agarré aquel cántaro lleno de pureza y de vida y lo derramé sobre mi garganta de un modo brusco y llamativo, mojando también los harapos que llevaba por ropa. Fue el único instante que aparté mi vista de aquellos maravillosos espejos, de aquellas perfectas obras de arte que me quemaban tanto al mirar, que hacían que el día fuese noche, pues todo a su alrededor se oscurecía por tanta luz que aportaban, por tanto brillo que me regalaban.

Cuando devolví el cántaro a su dueña, sus labios se abrieron por fin dejando ver unos dientes inmaculados y tan bien colocados que solo obra del gran arquitecto podía ser. Tras sonreír me dedicaron unas palabras.
"¿De dónde sales niño? Debes de venir de un lugar muy lejano, pues tus ropas están empapadas y muy sucias. Tu mirada parece cansada y tú pelo cuanto menos se podría confundir con el de una rata. Sin embargo me gusta el olor que desprendes, pero no concibo como un chico pobre como aparentas ser, utilice perfumes que solo aquellos que se lo pueden permitir emplean para ocultar que no lavan sus cuerpos tanto como los plebeyos."
Pasaron unos segundos, puede que algún minuto, y volvió a intervenir.
"¿Niño? ¿Sabes hablar? Quizás no pueda hablar. -Le dijo a otra niña que había a su lado.- ¿Necesitas comer? Me empieza a preocupar mucho tu estado.
Fue entonces cuando su rostro me empezó a dar vueltas, mi vista comenzó a nublarse y caí en redondo.

Al despertar, recordaba aquel maravilloso encuentro, aquella niña tan bonita y su aroma tan embriagador con el que estoy seguro me drogó. "Quizás fuese una bruja y por eso me desmayé." Pensé en aquel entonces. Pero al incorporarme me di cuenta que no fue ni una bruja la que me hechizó, ni un sueño el que me creó aquella ilusión.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE
Autor: Alex Romero

lunes, 15 de noviembre de 2010

Las aventuras de Omenophis




Texto Rescatado
Escrito en 2006 y publicado en 1 de Marzo de 2007


Primera Parte

Una noche, me embarqué en un viaje misterioso, lleno de increíbles aventuras. El cielo estaba completamente gris y las nubes casi rozaban las cumbres de las montañas. La luz, tenue y el ruido del agua al caer sobre el cañizo me hizo pensar en lo rápido que andaba mi vida. Que tristeza me entró al darme cuenta que todavía me quedaban tantas cosas por hacer, tanto por vivir y yo seguía aquí, encerrado en mi humilde choza cuyo techo de ramas secas se desquebrajaba cada mes y tocaba elaborar uno nuevo. Mi camastro de dura roca y cubierto con hojas aun verdes para que fuese más confortable. Un suelo de tierra húmeda, para que fuese resistente y no se hundiera uno al caminar dentro de la humilde morada. Una mesa colocada justo de bajo de un recoveco en el falso techo, que en los días de sol pleno, se iluminaba como cosa divina. Un tarro hecho con la mitad de un coco y lleno de tinte natural negro, hojas elaboradas artesanalmente para escribir penas como esta. Una vela, muy rupestre y una silla inestable, completaban mi escritorio. Al otro lado del habitáculo, una estantería de madera, y en su única leja, un cofre en el que guardaba mi mayor tesoro. Pero aquel día, al mirar dentro de mi casa me di cuenta que el mundo era mucho mayor, y las aventuras que me esperaban al otro lado del lago en el que un día decidí instalarme, eran infinitas y seguramente me llenarían ese pequeño hueco que ya no llenaba mi pequeño pero gran tesoro.

Una mochila de piel de un animal que comí en una ocasión, bien curtida y bien perfumada, me sirvió de transporte para las pocas cosas que podía llevarme. Un libro, "Recuerdos", una flauta en la que solo sabía entonar una única canción, "Mi amor", y un dibujo, dibujo en el que dibujé con mi propia sangre aquel paraíso que me propuse abandonar. Solo lo llevé conmigo por si en algún instante me apetecía recordar lo que fue mi amor en aquél lugar, viviendo en mi propio Edén. Comencé a caminar y se puso a llover, cada vez más fuerte, y más. Pero, continué. El dolor en mi espalda por el peso me hizo recular en algunos instantes de flaqueza, pero algo en mi interior me empujaba a seguir caminando, quizás la paupérrima luz que emanaba de entre las nubes más claras me guió por aquel camino de piedras, tan escarpado como empinado, tan duro como engalanado con los pinchos más punzantes que la naturaleza podía ofrecer. Aun a pesar de todo seguí caminando, ahora ya sin retroceder. La tormenta parecía calmada, y yo cada vez más convencido de alcanzar la cima de aquella montaña.

Cual fue mi sorpresa al encontrar una cueva, no lo pensé y, me cobijé. Me dispuse a encender una pequeña hoguera con la que calentar mis manos, pues esa fue la excusa que me di, lo que yo necesitaba era devolver el calor a mi alma, devolverle su vida a mi corazón. Pero con calentar mis palmas me conformé. Así que acurrucado al lado de aquella llama y sin dejar de observar los titubeos, volviéndome loco con aquellas formas. Sin quererlo se me nubló la vista y comencé a soñar. Un haz de luz cegador ante mi dio lugar a una gran alucinación. Un papiro entre mis manos que rezaba:
"Las estrellas siguen ocultas porque no estás cerca de aquello que anhelas, de aquello que amas. Dejaste tu paraíso en el que lo tenías todo por embarcarte en una odisea, en una onírica aventura, de la que no sabes si podrás regresar, pues tu camino puede desaparecer y perder la oportunidad de volver. Sé inteligente, plántate ahora que puedes, las llamadas son incesantes pero en breve hallarán su fin. No desaproveches lo que te ofrezco, retroceder en tus pasos, pues amigo mío, sé que en tu interior no deseas hacerlo. No seas tan orgulloso y vuelve a tu cabaña, con tu catre cutre y esa mesa en la que escribir tus ñoñerías. Vuelve para seguir alimentando tu tesoro, no dejes que perezca tan pronto cuando el calor sigue siendo en tu interior tan intenso..."

El papiro se desvaneció y volví en mí de nuevo. Seguía en aquella cueva, ahora era de día, el fuego estaba convertido en brasas, cenizas y un leve atisbo de humo que nacía de algunas de las ramas que aun seguían al rojo. Había dormido tanto que me dolía todo el cuerpo. Salí de aquella cueva apestado por las aterradoras amenazas de hallar en ella la estabilidad que ya tuve y que jamás volveré a encontrar, no al menos tan buena como la ya conocida. De un salto me levanté y me dispuse a continuar mi camino. Con mi mochila al hombro y mis pies preparados salí con ganas de comerme el mundo. A andar se ha dicho. En mis dos primeros días de viaje me encontré con el primer pueblo, la primera civilización que mis ojos veían después de vivir tanto tiempo en un mundo de sueños. En ella habían innumerables joyas, buenos aromas, ... y lo que más me sorprendió, tantos ojos atentos a cada paso que daba que me sentía desnudo, pequeño, como juzgado por un gran Dios, me sentía débil al ser atacado por tantas pupilas a la vez, tantas retinas atentas hasta el punto de poder contar los latidos de mi corazón. A cada paso que daba, un comerciante dejaba lo que estaba haciendo, o se quedaba completamente estático, parecía que el tiempo se detuviera, parecía que el ruido de aquella plaza se hiciera tan grave que en vez de personas parecían gigantes a los que les costara hablar por el peso de sus mandíbulas. El color de aquella plaza, cuya forma redonda invitaba a que cualquiera que allí se encontrara mirará hacia el centro, donde yo, con aquellos pasos de hormiga seguía avanzando para alcanzar la fuente. Sin esquinas y perfilada con tiendas apestadas de gente realizando sus negocios, aquello parecía más bien una pista de circo y yo el payaso al que querían ver fracasar, al que querían ver tropezar con una piedra y caer dentro de la fuente. Dejé de observar a todas aquellas personas ajenas a mí ser y seguí mi rumbo. Llegué hasta la maldita fuente de la que emanaba un agua pura, limpia y refrescante. La necesitaba, después de tanto caminar y de tanto sumarme a las lluvias torrenciales con mis lágrimas. La añoranza que pensé que jamás nacería de mi alma, se manifestaba de todas las maneras posibles. Con una mano en forma de cuenco me llevé el primer trago de agua a los labios, pues estaba tan temblorosa que casi derramé todo lo que me costó recoger. En un segundo intento pude beber y saciar algo mi sed, pero seguía encontrando problemas con aquel arrebato de parkinson que me sobrevino. Pero en aquel mismo instante, lo que más necesitaba sucedió. Una mano cálida en mi hombro me invitaba a girarme. Una mano cuyo olor invitaba a cerrar los ojos y a no mirar lo que me pudiese encontrar al terminar de darme la vuelta, pues debiera ser tan maravilloso que mi vista de humilde desterrado deterioraría. Mis ojos, y yo estaba convencido de ello, no podían ser dignos de encontrarse con el halo que los suyos dibujasen, pues nunca se le puede mirar de frente a una diosa, a la portadora de aquellas manos de ángel.

FIN DE LA PRIMERA PARTE
Autor: Alex Romero
Año 2006